De-grad(ua)da

Han pasado los meses, y lo que más temía se ha hecho realidad: he acabado en el grado.

Me veo ahora en la obligación de cursar asignaturas que en mi plan antiguo ni existían y ahora las clasifican como “básicas”. En teoría son asignaturas sin las cuales no eres un verdadero graduado y han de servirte para cualquier otra carrera que decidas emprender (cómo si no se nos hubiesen quitado las ganas después de 7 años de pelea con asignaturas, profesores y administración).

Lo peor de esta degradación de título no ha sido saber que empecé con una titulación superior y voy a acabar, después de casi el doble de años invertidos, con una peor. Ni siquiera es verme con 24 años rodeada de alumnos jóvenes con todas sus expectativas y proyectos intactos. Lo peor, con diferencia, ha sido de nuevo la pelea con la administración, que estando en plena época de exámenes, aún no ha terminado: la convalidación (reconocimiento usando su terminología) entre mis asignaturas superadas y las del grado no se hace en cuanto a número de créditos sino por contenido. Esto es, que si tenías superadas unas determinadas asignaturas, te las reconocían por determinadas otras del grado. Y llegaron los problemas. No sabían cuáles me iban a poder reconocer a mi. Tuve que solicitarlo y aún estoy a la espera de la resolución. De esto hace más de tres meses, pues además, tuve que hacer mi matrícula tarde porque había actas sin cerrar desde varios años atrás (por supuesto, nadie se explica cómo pudo ocurrir)

Perdí mañanas enteras entre secretaría y los órganos de gobierno de mi facultad. Hasta tres semanas en las que me decían que hablase yo con los profesores. A la tercera semana con quien hablé fue con el vicerrector de calidad. Me lo solucionaron esa misma mañana.

Y sigo a la espera de saber cuáles asignaturas he de hacer en el segundo cuatrimestre. Por supuesto, como no he superado las asignaturas básicas de las que hablé antes, el Trabajo Fin de Grado (TFG) no podré hacerlo hasta el año que viene.

Lo dicho, con suerte, acabaré la carrera en 8 años, con una titulación inferior y una depresión. Pero la otra opción es peor, sería haber tirado tiempo y dinero para no tener nada.

¿Alguien me abraza fuerte?

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Una de reformas… a la española

Si hay algo que caracterice a España no son los toros ni los souvenirs de flamencas. España es ese país en el que cada legislatura cambia, al menos una vez, la ley de educación. LOGSE, LOMSE… luego hablan de sopas de siglas.

Pero vengo a hablaros de la universidad.

En el 2000 se firmó el Plan para el Espacio Europeo de Educación Superior, más conocido como Plan Bolonia por haberse firmado en dicha ciudad italiana.

Lo que a priori parecía una reforma que unificaría las carreras universitarias para mejorar la movilidad estudiantil y laboral, se convirtió, como no podía ser de otra manera en un fiasco monumental: pese a ser una reforma confluente, era cada universidad española quien tenía que adaptar sus guías docentes al nuevo sistema. Tenían de margen 10 años.

Llegado el 2010, en España, teníamos alumnos de licenciaturas (5 años) y de diplomaturas (3 años) en diferentes circunstancias para finalizar con su titulación. En concreto, aquellos que entramos en 2009, y que elegimos nuestras respectivas carreras por vocación u obligación nos acabamos encontrando una situación muy agobiante y frustrante: los profesores no daban a basto cambiando de sistema sus asignaturas para un plan que no había más remedio que instaurar; los alumnos, novatos todos, sin saber la que se nos venía encima y sin nadie que nos pudiese informar de ello. Y tiramos pa’lante.

Lo primero que tuvimos claro es que cada año debíamos matricularnos de todo el curso, puesto que “la asignatura se extingue” (qué asquito le acabé cogiendo a esa frase de tanto oirla). Y allá que fuimos nosotros, año tras año, matriculandonos de cursos enteros independientemente de cómo nos hubiese ido el anterior.

Luego, nos dijeron que tendríamos dos años (academicos) para aprobar las asignaturas que nos hubiesen ido quedando pero solo tendríamos derecho a tutorías y exámenes. Y ahí vino el problema con lo que parecía la solución: “quien mucho abarca poco aprieta” o lo que es lo mismo, que no se puede tirar con todo.

Yo elegí por vocación la carrera de Biología. Entré en 2009, por lo que pertenezco al “plan antiguo”. Los dos primeros años fueron muy bien, las asignaturas suspensas las aprobaba tras el verano. Muchos de mis compañeros se fueron quedando por el camino o tomaron la decisión de cambiarse al plan nuevo. Ahora acabarían en 4 años y serían Graduados.

Seguiamos llenos de incertidumbre, de dudas y de miedo. Sin asesoramiento porque los profesores asignados a esta función tampoco sabían muy bien qué vendría con el grado, como mucho, a personas como a mi, nos recomendaban que siguiesemos con la licenciatura. Y seguimos.

Llegó tercero y empezaron los problemas. (Ya habíamos superado algunos) las asignaturas se complicaban y los suspensos no se aprobaban tras el verano, pero había que matricularse de cuarto. Lo mismo pasó con 5º.

El final estaba claro: ni aprobabamos las de nuestro curso, porque estabamos dedicados a las de otros años, ni las de otros años porque además de los examenes, para aprobar necesitabamos superar prácticas, seminarios etc y ya habíamos pasado el punto de no-retorno.

Unos compañeros y yo nos encontramos ahora en una situación límite: habiendo agotado todas las convocatorias de las asignaturas, nos dicen que solo podemos pasarnos a grado y perder dos años más en acabar con una titulación que nos vendían siempre como “inferior”

Seguiremos luchando. Pero no nos lo han puesto nada fácil. Ni profesores ni administrativos han sabido nunca qué iba a pasar. Qué hacer. Cuanto menos asesorarnos.

No pedimos que nos aprueben sin una base de conocimientos, pedimos que no nos ahoguen a nosotros porque somos quienes estamos debajo. Que miren hacia arriba. Hacia esa oligarquía que impone las leyes y luego les hacen cambiar planes de estudios enteros en cuestión de un año. Que piensen en sus hijos. Que se pongan en nuestra piel y recuerden cuando ellos estudiaron. Que nos ayuden. Aunque sea a pegarles fuego.